La soledad que sana y la compañía que fortalece
A veces necesitamos momentos de soledad, no como castigo ni abandono, sino como un espacio para sanar, pensar, descansar y volver a encontrarnos con nosotros mismos y con Dios.La soledad bien utilizada puede convertirse en un lugar de crecimiento interior. En el silencio aprendemos a escuchar nuestro corazón, reconocer nuestras heridas y recuperar fuerzas.