Comer sin conciencia no solo alimenta el cuerpo de menos, sino que le roba paz al alma.

Publicado el 8 de febrero de 2026, 10:37

Febrero nos invita a hablar del corazón.
Pero no solo del que late en el pecho,
sino también del que siente, del que carga, del que ama.

Había una persona que vivía con prisa.
No porque quisiera, sino porque así aprendió a sobrevivir.

Comía rápido.
Comía distraída.
Comía sin pausa y sin conciencia.

La prisa se sentaba a la mesa con ella todos los días.
Y poco a poco, comenzó a enfermarlo todo.

El cuerpo estaba cansado.
La mente saturada.
El espíritu inquieto.
Y el corazón físico —en silencio— trabajaba de más.

No fue algo repentino.
Fue una acumulación diaria.
Comida tras comida,
sin presencia,
sin gratitud,
sin propósito.

Un día escuchó algo que le hizo detenerse:
comer sin conciencia no solo alimenta el cuerpo de menos,
sino que le roba paz al alma.

Esas palabras se quedaron con ella.
Porque se sentía agotada físicamente,
cansada mentalmente,
y vacía espiritualmente.

Entonces pensó:
¿Y si lo intento diferente… por mi corazón?

No prometió cambiarlo todo.
Solo decidió comenzar con algo sencillo.

Preparó sus comidas con intención.
Organizó su semana para no depender del apuro.
Eligió alimentos que nutren el corazón.
Decidió sentarse, respirar y agradecer,
aunque fueran solo unos minutos.

Donde antes había prisa,
comenzó a sembrarse calma.

Y con el tiempo, el fruto fue visible:
más energía en el cuerpo,
más claridad en la mente,
un corazón más fuerte,
y un espíritu en paz.

La Palabra nos recuerda:

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.”

Cuidar el corazón no empieza en el hospital.
Empieza en lo cotidiano.
En cómo comemos.
En cómo pausamos.
En cómo nos tratamos.

Este Mes del Corazón, pregúntate con amor:
¿Estoy viviendo desde la prisa… o desde el cuidado?

Camino Contigo, cuidando el corazón del cuerpo y del espíritu, paso a paso.

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios