El valor nace de ti

Publicado el 1 de febrero de 2026, 15:01

Desde temprano en la vida, aprendió que el valor no era algo que se tenía, sino algo que debía ganarse. Nadie se lo dijo directamente, pero lo entendió en cada mirada exigente, en cada silencio, en cada aplauso condicionado.

Así comenzó a correr.

Corrió tras logros, reconocimiento y aprobación. Pensó que, si hacía más, si era mejor, si brillaba lo suficiente, alguien diría por fin:
—Ahora sí vales.

Cada meta alcanzada traía un respiro corto. Cada elogio calmaba la herida por un momento. Pero bastaba una crítica, una comparación o el olvido para que todo se derrumbara.

Entonces volvía la voz interna:
—Aún no es suficiente. Esfuérzate más.

Se cansó. Se exigió. Se perdió.

Un día, después de haber logrado aquello que tanto había perseguido, se encontró sola con la misma sensación de no ser suficiente que la había acompañado siempre.

Fue ahí, en el cansancio profundo, donde algo se quebró. Entendió que estaba agotada no por falta de valor, sino por intentar probarlo donde nunca podría obtenerlo.

Los logros no estaban fallando.
El error era creer que podían darle valor.

En el silencio comprendió la verdad que cambió todo:
no era su hacer lo que la hacía valiosa; su valor existía antes de cualquier logro.

Por primera vez dejó de correr. Dejó de compararse. Dejó de explicarse.

Desde entonces, los logros dejaron de ser una prueba y se volvieron una expresión. Ya no caminaba para ser suficiente; caminaba porque ya lo era.

“Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; mi alma lo sabe muy bien.”
Salmos 139:14

El valor no se gana.
No se demuestra.
No se negocia.

El valor nace de dentro.

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios