Aprendiendo a amarme, también aprendo a corregirme

Publicado el 16 de agosto de 2026, 16:47

¿Alguna vez repetiste un pensamiento tantas veces que terminaste creyéndolo?

"No soy suficiente."

"Siempre echo todo a perder."

"Nunca voy a cambiar."

"Si me pasó esto, es porque no merezco algo mejor."

A veces repetimos estas frases por tanto tiempo que ya ni las cuestionamos. Se vuelven una voz conocida. Y empezamos a tomar decisiones creyéndoles.

Pero que un pensamiento sea conocido no quiere decir que sea verdad.

¿Qué son los errores de pensamiento?



Son formas de entender lo que nos pasa que nos llevan a conclusiones muy negativas o poco reales.

Algo doloroso se vuelve una conclusión:

"Me rechazaron" → "No sirvo."

Un error se vuelve una etiqueta:

"Me equivoqué" → "Soy un fracaso."

Una pérdida se vuelve una predicción:

"Esto salió mal" → "Todo me va a salir mal."

El problema empieza cuando dejamos de ver estas frases como pensamientos y las tratamos como si fueran verdades. Aprender a reconocerlas es el primer paso, y es una idea con mucho apoyo científico.

Puedo aprender a pensar diferente



El cerebro puede aprender y cambiar con la práctica. Cuando practico cuestionar mis pensamientos, mi mente se va acostumbrando a una forma más sana de responder. Esto pasa poco a poco, con la práctica de todos los días. No es magia ni cambia de un día para otro.

Cuando aparezca:

"No puedo."

Me detengo y respondo:

"Esto es difícil, pero puedo aprender."

Cuando aparezca:

"Mi pasado arruinó mi futuro."

Respondo:

"Mi pasado es parte de mi historia, pero no decide mi próximo paso."

Cuando aparezca:

"Cometí demasiados errores."

Respondo:

"Puedo reconocer mis errores, aprender de ellos y elegir diferente hoy."

Esto no es negar lo que pasó. Tampoco es decir que todo está bien cuando no lo está. Y no se trata de repetir frases bonitas sin sentido. Se trata de separar dos cosas: lo que pasó y lo que yo decidí creer sobre mí por eso que pasó. Y luego cambiar esa idea por una más justa y verdadera.

Esta semana quiero practicar algo diferente



Cuando tenga un pensamiento que me lastima, me voy a preguntar:

1. ¿Qué estoy pensando?

2. ¿Es un hecho o es solo mi manera de verlo?

3. ¿Qué pruebas reales tengo de que esto es cierto? ¿Qué pruebas dicen lo contrario?

4. ¿Qué le diría a alguien que quiero si pensara esto de sí mismo?

5. ¿Cuál sería una forma más justa, amable y sana de ver esta situación?

Y voy a practicar el pensamiento nuevo. Una vez. Otra vez. Las veces que haga falta.

Compruébalo en la vida real. Además de cambiar el pensamiento, puedo dar un paso pequeño para ponerlo a prueba. Si pienso "no puedo", intento algo pequeño y veo qué pasa de verdad. Muchas veces la mejor forma de saber si un pensamiento es cierto es probarlo.

Quererme también es corregirme



Quererme no es creer que nunca me equivoco. Quererme es dejar que mis errores me enseñen, sin que se conviertan en quien soy.

Ser amable conmigo mismo no es debilidad ni una excusa para no esforzarme. Al revés: cuando me trato con cariño al fallar, me es más fácil aceptar el error y volver a intentarlo.

Puedo corregirme sin destruirme.

Puedo hacerme responsable sin condenarme.

Puedo mirar mi pasado sin quedar atrapada en él.

Puedo aprender. Puedo cambiar. Puedo empezar de nuevo.

Para recordar esta semana



No todo lo que pienso es verdad.

Puedo parar un pensamiento, mirarlo bien y elegir una respuesta más sana.

Mi historia explica algunas de mis heridas, pero no decide quién seré mañana.

Hoy puedo practicar una forma diferente de pensar.

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“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”
Romanos 12:2 (RVR1960)


Nota: Estas ideas ayudan a tu bienestar, pero no reemplazan la ayuda de un profesional. Si los pensamientos dolorosos son muy fuertes, no se van, o incluyen ganas de hacerte daño, busca ayuda de un profesional de salud mental.


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