La vida es un viaje. Hay paisajes que nos dejan sin aliento, pero también caminos difíciles, subidas agotadoras y momentos en los que descubrimos que hemos estado cargando un peso que nunca debió acompañarnos.
Por eso he decidido ir liberando mi maleta.
Dejo atrás el resentimiento, las culpas que ya no me pertenecen, las expectativas que otros depositaron sobre mí y todo aquello que roba mi paz. El viaje es demasiado valioso como para desperdiciar mis fuerzas cargando lo que no aporta a mi propósito.
También he aprendido que cuidar mi corazón implica ser sabio con las personas, las conversaciones y los ambientes que permito en mi vida. No se trata de dejar de amar; se trata de proteger el regalo que Dios me ha dado: un corazón capaz de amar, servir y disfrutar del camino.
Nuestro corazón toma el color de aquello que permitimos entrar en él. Si lo llenamos de gratitud, esperanza, bondad y fe, esos serán los colores que reflejará nuestra vida. Pero si lo alimentamos de amargura, miedo o ruido constante, poco a poco perderemos la capacidad de apreciar la belleza del paisaje.
Hoy elijo colores que dan vida.
Elijo la paz sobre el conflicto.
La gratitud sobre la queja.
La esperanza sobre el desánimo.
La fe sobre el temor.
Y personas que inspiren, construyan y me acerquen más a Dios.
Todavía queda mucho camino por recorrer... y quiero disfrutar cada etapa con una maleta más ligera y un corazón lleno de los colores del cielo.
"Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida."
Proverbios 4:23 (NVI)
"Todo lo verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo admirable, si algo es excelente o merece elogio, en esto piensen."
Filipenses 4:8 (NVI)
Que esta semana podamos preguntarnos:
¿Qué necesito sacar de mi maleta para disfrutar plenamente el viaje que Dios ha preparado para mí?
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