Con la llegada de la primavera en Minnesota, he comenzado a reconectarme más con la naturaleza. Los pájaros, los venados, las ardillas, el río, las hojas nuevas y las flores despertando otra vez me recuerdan algo importante: la creación vive en paz.
Todo en la naturaleza parece entender su propósito. La luz llega temprano, las estaciones cambian, el agua sigue corriendo y la vida vuelve a florecer una vez más.
La naturaleza vive en paz y equilibrio, mientras los seres humanos muchas veces vivimos entre el miedo y la división.
La naturaleza no compite por raza, idioma, cultura o estatus. Simplemente existe en armonía.
Nosotros, en cambio, muchas veces vivimos desconectados unos de otros. El miedo, el trauma, las heridas y las diferencias nos han llevado a juzgarnos, alejarnos e incluso dañarnos entre nosotros mismos. Hemos aprendido a vivir en aislamiento, cuando en realidad fuimos creados para vivir en comunidad.
Todos fuimos creados por el mismo Dios.
Todos tenemos el mismo valor.
Todos merecemos dignidad, amor y compasión.
Tal vez necesitamos volver a observar más la creación. Recordar que también somos parte de ella. Que cuidar nuestro mundo incluye cuidar nuestras emociones, nuestra salud física, espiritual y mental, pero también la manera en que tratamos a los demás.
Nuestro paso por esta vida es corto. Ojalá podamos dejar más paz que división, más empatía que miedo y más amor que juicio.
“Y vio Dios todo lo que había hecho,
y he aquí que era bueno en gran manera.”
— Génesis 1:31
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